La dinámica tecnológica global está en constante evolución, con Estados Unidos intentando contener la expansión de China en un contexto de tensión internacional. Antonio Miguel Carmona, profesor en la Universidad de Negocios Internacionales y Economía de Beijing, analiza cómo China está capitalizando esta rivalidad.
Desde 1978, el país asiático ha implementado una estrategia de innovación continua que se refleja en su notable desarrollo económico. Un ejemplo de esto es Shenzhen, que ha crecido de ser un pequeño pueblo de pescadores a convertirse en el “Silicon Valley de Asia” con una población de 17 millones. Este crecimiento es un indicador de cómo China responde ante las incertidumbres del entorno global.
Carmona critica el uso de medidas proteccionistas por parte de Occidente, sugiriendo que fomentar la competencia es la clave para el éxito. Defender el proteccionismo, según él, es posponer un desenlace inevitable y perjudicial. En un contexto donde la innovación debe prevalecer, los países deben buscar la colaboración en lugar de enfocarse en la restricción.
En el ámbito energético, China lidera el mercado de energías renovables, aunque todavía depende en gran medida de fuentes fósiles. La volatilidad geopolítica actual podría impulsar al país a acelerar su transición hacia la sostenibilidad. La cooperación con empresas como Iberdrola podría beneficiar tanto a China como a sus contrapartes europeas.
El ecosistema de innovación en China, alimentado por una sólida formación académica y un enfoque decidido en tecnologías emergentes, presenta un contraste con Occidente. Mientras que Estados Unidos tiene un enfoque cerrado en su desarrollo tecnológico, China ha optado por un aprendizaje práctico a gran escala. Esta diferencia de enfoque posiciona a China no solo como competidor, sino también como un modelo de colaboración para el futuro.
Con información de estrategiasdeinversion.com

