Ciudad de México, CDMX. - La publicación del bando del virrey Félix María Calleja el 24 de mayo de 1815 refleja su rechazo contundente a la Constitución de Apatzingán, promulgada el 22 de octubre de 1814 por los insurgentes. Calleja, quien gobernaba Nueva España entre 1813 y 1816, consideró esta constitución como un acto de traición de aquellos que se oponían a la autoridad del rey de España.
Calleja argumentaba que el documento revolucionario proponía un cambio drástico al establecer que el poder legislativo emanaba del pueblo, rompiendo así con la tradición monárquica. Asimismo, el virrey insistió en que la Constitución representaba un avance hacia el caos, ya que involucraba la derogación de derechos y privilegios de la Iglesia católica, reflejando una primera separación entre el Estado y la religión.
En sus palabras, la Constitución fue un "acto de rebeldía" por parte de “once rebeldes” que buscaban invalidar la autoridad establecida. También denunció una supuesta usurpación de poderes al permitir que los legos decidieran sobre nombramientos eclesiásticos, una acción que calificó como un ataque directo a la organización religiosa y social de la época.
A medida que continuó su diatriba, Calleja ve en los acontecimientos una destrucción de las jerarquías y un ataque al orden social tradicional. Su postura evidencia la defensa del estatus quo, subrayando las tensiones existentes entre los insurgentes y quienes apoyaban la corona.
El futuro primer conde de Calderón cerró su discurso señalando la necesidad de restablecer el orden y evitar la descomposición social que, en su opinión, la Constitución de Apatzingán podría traer si prevalecía. La relevancia de estas declaraciones resulta evidente en el contexto de un México dividido y en lucha por su independencia.
Con información de zocalo.com.mx

