La reciente clasificación del Primer Comando de la Capital (PCC) y del Comando Vermelho (CV) como organizaciones terroristas por parte de Estados Unidos ha generado un impacto significativo en el crimen organizado en América Latina. Esta medida, en vigor desde el 5 de junio, sitúa a estas facciones brasileñas en la misma categoría que los carteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación en México, entre otros grupos.
La designación, establecida en un documento del Departamento de Estado de EE.UU. y firmada por Marco Rubio, permite congelar bienes y activos de quienes estén vinculados a estas organizaciones bajo la jurisdicción estadounidense. Además, se prohíben las transacciones financieras con estas facciones, lo que incrementa la presión económica sobre ellas. Sin embargo, expertos advierten que, a excepción de Venezuela, no se ha observado un debilitamiento notable de estas organizaciones.
En México, la situación es crítica. La presión sobre el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum ha aumentado tras diversas imputaciones a funcionarios por supuestos lazos con el Cartel de Sinaloa. El gobierno ha denunciado operaciones no autorizadas de la CIA en territorio nacional, lo que refleja un clima de confrontación diplomática y un enfoque más agresivo por parte del gobierno estadounidense en su lucha contra el narcotráfico.
Los antecedentes indican que la designación de organizaciones como terroristas no resulta un requisito indispensable para el despliegue de operaciones de inteligencia en el extranjero, pero sí ha transformado la percepción de la amenaza que representan estos grupos. Pese a que su comportamiento no ha cambiado de manera significativa, la clasificación ha alterado las dinámicas del sector privado y ha intensificado la vigilancia sobre sus actividades financieras.
Con un panorama complicado en curso, las recientes sanciones y la supervisión financiera sobre estas organizaciones sugieren que la lucha contra el narcotráfico en la región seguirá siendo una prioridad para EE.UU. La colaboración entre gobiernos se verá afectada, y los próximos pasos en la estrategia de combate al crimen organizado están por definirse.
Con información de eldeber.com.bo

