La relación entre la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y el gobierno de Claudia Sheinbaum se remonta a los años de Andrés Manuel López Obrador, cuando logró el apoyo del magisterio para su triunfo en 2018. Ambos sectores firmaron un convenio de colaboración, aunque aseguraron que no había motivos electorales detrás de este pacto.
Al inicio de su administración, López Obrador mantuvo un diálogo abierto con la CNTE, sosteniendo múltiples encuentros en sus primeros meses en el cargo, una estrategia que buscaba resolver las quejas sobre los salarios atrasados de los docentes. Las movilizaciones del magisterio en septiembre de 2019, que incluyeron un plantón en la Cámara de Diputados, marcaron un punto de tensión, donde el presidente se comprometió a abordar estas demandas.
Una de las promesas más relevantes del expresidente fue la derogación de la reforma educativa de Enrique Peña Nieto. El 30 de septiembre de 2019, se publicó una nueva enmienda con la creación de la Unidad del Sistema para la Carrera de las Maestras y Maestros (Usicamm) con el objetivo de eliminar la corrupción en la asignación de plazas docentes.
Sin embargo, esta iniciativa también enfrentó críticas y complicaciones. El intento de establecer una nueva estructura para la carrera docente generó tensiones y descontento entre los educadores, quienes cuestionaron su eficacia y la implementación de las políticas educativas. Las expectativas inicialmente generadas han dado paso a un nuevo contexto de desafíos.
La administración de Claudia Sheinbaum se encuentra ahora ante una disyuntiva. Las demandas del magisterio continúan siendo una preocupación en su gobierno, lo que plantea interrogantes sobre cómo se abordarán las exigencias, especialmente en un contexto de creciente presión social y conflictos laborales.
Con información de politica.expansion.mx

