La incertidumbre sobre el impacto de la Inteligencia Artificial (IA) en el empleo no radica en las estadísticas, sino en lo inesperado. El Fondo Monetario Internacional estima que 40% de los trabajos a nivel global están en riesgo debido a esta tecnología. En economías avanzadas, esta cifra asciende al 60%, lo que plantea serias preguntas sobre el futuro laboral.
Los líderes del sector tecnológico inicialmente predijeron pérdidas significativas de empleos. Dario Amodei, de Anthropic, sugirió que la IA podría eliminar hasta 50% de los trabajos básicos en Estados Unidos y aumentar el desempleo. Sin embargo, con el tiempo, muchos matizaron sus opiniones. Sam Altman, de OpenAI, admitió estar “deliciosamente equivocado” respecto a la rapidez del desplome laboral.
A pesar de los intentos de calmar el miedo, persiste la inquietud. El FMI indica que, si bien la mitad de los empleos afectados se beneficiará de la productividad, la otra mitad enfrentará desempleo o reducción salarial. Esta transformación impacta más a los trabajadores calificados, jóvenes y a la clase media que a los empleos de menor calificación. Jensen Huang, de Nvidia, enfatiza que no es la IA la que deslocaliza, sino las personas que la utilizan.
Un estudio de Boston Consulting Group predice que más del 55% de los empleos serán rediseñados para 2030 si las organizaciones invierten en reconversión laboral. De lo contrario, el cambio se convertirá en desplazamiento. El papa Francisco también alerta sobre la falta de neutralidad de la IA, instando a un orden social que evite la concentración de poder tecnológico.
Históricamente, cada revolución tecnológica ha destruido y creado trabajos. Sin embargo, a diferencia de tecnologías anteriores, la IA implica decisiones cognitivas. La cuestión no es si la IA transformará el empleo, sino si los sistemas educativos y laborales podrán adaptarse lo suficientemente rápido para evitar una brecha irreversible. El tiempo avanza rápidamente.
Con información de zocalo.com.mx

