Los gobernadores Alfonso Durazo Montaño, de Sonora, y Américo Villarreal Anaya, de Tamaulipas, enfrentan una serie de señalamientos vinculados a presuntos nexos con la delincuencia organizada. Estas acusaciones han surgido a lo largo de sus trayectorias políticas, donde ambos han tenido que lidiar con implicaciones de financiamiento ilícito y omisiones en la seguridad pública.
Alfonso Durazo, quien fue secretario de Seguridad y Protección Ciudadana durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, ha sido objeto de críticas debido a su gestión. El incidente más notable fue el “Culiacanazo” en 2019, cuando fuerzas federales se vieron forzadas a liberar a Ovidio Guzmán López tras un violento ataque del Cártel de Sinaloa. Este hecho generó dudas sobre la efectividad de sus estrategias y la posibilidad de acuerdos con grupos criminales.
Durante su mandato en Sonora, han surgido reportes que cuestionan la actuación de mandos policiales. Filtraciones de bitácoras de inteligencia indican que se habrían producido omisiones que facilitaron la expansión de redes delictivas en la región, preocupando a la ciudadanía sobre la seguridad estatal.
Por su parte, Américo Villarreal ha tenido que enfrentar un oscurecedor pasado en relación con su campaña electoral de 2022. Su nombre ha sido vinculado al empresario Sergio Carmona Angulo, conocido en el ámbito del huachicol, cuyo asesinato en 2021 lanzó serias dudas sobre los financiamientos de su campaña. A pesar de sus rechazos a las imputaciones, informes indican que recibió sumas significativas de dinero que podrían provenir de actividades ilícitas.
Ambos gobernadores continúan bajo la sombra de estas acusaciones, que amenazan con empañar la legitimidad de sus administraciones en Estados críticos para la seguridad y la política nacional. El futuro de sus carreras políticas dependerá de cómo manejen estas percepciones y si logran despejar las dudas que los rodean.
Con información de tvazteca.com

