Alan Riding falleció recientemente en París tras una valiente lucha contra el cáncer. Sus amigos y colegas, Andrés Rozental y Jorge Castañeda, evocan su legado y las numerosas colaboraciones que construyeron a lo largo de más de cuatro décadas.
Riding llegó a México en la segunda mitad de los años setenta, donde comenzó a ganarse un lugar como corresponsal de The New York Times y otros medios internacionales. Su relación con Andrés se fortaleció cuando este trabajaba en la Secretaría de Relaciones Exteriores, lo que llevó a encuentros frecuentes en Managua y a ayudar a suavizar tensiones con altos funcionarios mexicanos.
La amistad de Jorge con Riding también floreció en esa época, cuando discurrían sobre la legalización del Partido Comunista Mexicano. Riding se involucró en episodios políticos relevantes, incluyendo el intento de devolver el periódico Excélsior a su director, Julio Scherer, aunque su papel en esos eventos fue malinterpretado en varias ocasiones.
A partir de 1979, tanto Andrés como Jorge mantuvieron una conexión cercana con Riding en sus respectivos roles en la Cancillería mexicana. Esta relación les permitió a Riding obtener información vital sobre decisiones diplomáticas en Centroamérica. En 1984, Riding solicitó sus comentarios sobre su libro "Vecinos distantes", un texto que generó amplias repercusiones en la opinión pública mexicana.
Los encuentros continuaron a lo largo de los años, tanto en París como en México, donde Riding estuvo presente durante las históricas elecciones del año 2000. A lo largo de su vida, Riding se mantuvo como un observador agudo de la realidad mexicana, contribuyendo al entendimiento entre naciones y cultivando relaciones duraderas con quienes tuvieron la fortuna de conocerlo.
Con información de eluniversal.com.mx

