Un mensaje del embajador de Estados Unidos, Ronald Johnson, ante un discurso de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo sobre la narcopolítica en México, evidencia la creciente tensión entre ambos países. Johnson recordó que el narco implica delincuencia y no soberanía, complicando el contexto bilateral.
La corte estadounidense que lleva el caso de Rubén Rocha Moya inició un juicio alegando que hay pruebas contundentes de la culpabilidad de Rocha Moya y sus coacusados en un proceso de extradición. Este caso representa una faceta del conflicto entre México y Estados Unidos sobre narcotráfico y corrupción.
Desde la primera solicitud de extradición, emitida durante la administración de Donald Trump, se ha incrementado la presión sobre el gobierno mexicano. La celebración reciente en Palacio Nacional, donde se defendió a Rocha Moya, generó un ambiente propicio para la politización del narcotráfico, complicando aún más las relaciones entre ambos países.
La historia muestra que el transfondo de estas circunstancias recuerda eventos entre 1984 y 1986, donde México también enfrentó acusaciones de ser un narcoestado. La respuesta nacionalista, entonces, fue unificada y contundente, a diferencia de la actual donde el enfoque parece centrarse en defender a la élite gubernamental relacionada con el narcotráfico.
El discurso de la presidenta y la respuesta del embajador subrayan un punto crítico: si México sigue politizando el tema del narcotráfico en lugar de cooperar en justicia, la respuesta de Estados Unidos podría intensificarse, entablando un ciclo de narcodiplomacia complicada. El futuro del Tratado de Extradición y la cooperación en seguridad pueden depender de las decisiones inmediatas del gobierno mexicano.
Con información de sanluispotosi.quadratin.com.mx

