La selección de fútbol de Irán logró un empate 2-2 contra Nueva Zelanda en su debut en el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá. Este resultado, aunque positivo, estuvo marcado por un ambiente hostil debido a los silbidos que acompañaron el himno iraní, reflejando el descontento hacia el régimen de Teherán tanto de los aficionados como de la comunidad iraní en el país.
El SoFi Stadium de Los Ángeles fue testigo de tensiones significativas, donde los gritos de protestas y banderas prerrevolucionarias de opositores al gobierno iraní se hicieron presentes. Estos acontecimientos resaltan el trasfondo conflictivo que rodea a la selección, que no solo disputó el partido, sino que enfrentó problemas logísticos y de visado antes de llegar al torneo.
Amir Ghalenoei, el seleccionador, expresó su frustración en la conferencia de prensa, mencionando que su equipo ha sido el más maltratado del Mundial. El cambio repentino de su sede de Arizona a Tijuana, así como la presión de salir rápidamente de Estados Unidos después de cada partido, han complicado la experiencia de la selección en el torneo.
Mehdi Taremi, estrella del equipo, también expuso su preocupación por el "desastre logístico" asociado a los viajes. Afirmó que la FIFA debió brindar más apoyo y comentó sobre el estrés que estos problemas han generado entre los jugadores. Su mensaje fue claro: desean experimentar paz y alegría, conceptos que, según él, deberían ser promovidos en un evento deportivo de esta magnitud.
La selección iraní tiene su próximo encuentro programado para el domingo contra Bélgica, lo que implica otra vez un viaje a Estados Unidos. Las dificultades logísticas continúan siendo una realidad, y todos los ojos nacionales e internacionales estarán sobre ellos.
Con información de abc.es

