La crítica al periodismo y a los influencers revela cómo la falta de criterio puede engañar al público en la escena culinaria mexicana.
La relación entre la gastronomía y la promoción mediática en México enfrenta una marcada tensión entre la autenticidad y la mercadotecnia. En muchos casos, la presión por complacer a chefs, marcas o influenciadores ha llevado a que la crítica gastronómica pierda su objetividad, priorizando el beneficio económico sobre la honestidad. Esto se traduce en reseñas que, aunque parecieran informativas, dudan en señalar fallos estructurales o defectos en la calidad de los platillos, como tortillas rotas o tacos mal preparados, bajo el pretexto de mantener relaciones o asegurar futuras invitaciones.
Este fenómeno no es exclusivo de México. La historia global del periodismo culinario revela cómo la influencia de intereses económicos y relaciones personales puede distorsionar el relato de la experiencia gastronómica, comprometiendo la confianza del público. La autenticidad resulta fundamental para que los consumidores tomen decisiones informadas, especialmente en un momento donde la gastronomía mexicana, reconocida por su riqueza cultural, exige una narración veraz para preservar su integridad.
En este contexto, críticos y consumidores enfrentan el reto de mantener su criterio y exigir transparencia en cada reseña o recomendación, para que la gastronomía siga siendo parte de la cultura y no un producto de propaganda. La ética periodística, en el ámbito culinario, sigue siendo un pilar que garantiza el valor y la credibilidad del discurso público sobre la comida.
