El Niño está tomando fuerza, con un 97% de probabilidad de que su impacto continúe hasta la primavera de 2027. Este fenómeno meteorológico presenta riesgos significativos para Puerto Rico, donde la sequía y el déficit de lluvia son preocupaciones actuales.
Datos clave
- Probabilidad de persistencia de El Niño: 97%
- Probabilidad de alcanzar una intensidad muy fuerte: 81%
- Inicio de la temporada seca en Puerto Rico: Julio
- Aumento de las temperaturas por encima del promedio: Esperado
Ernesto Morales, meteorólogo coordinador de avisos del Servicio Nacional de Meteorología (SNM), indicó que aunque las proyecciones se mantienen, se están monitoreando muy de cerca los efectos en la precipitación. Durante una reciente comunicación con el gobierno local, enfatizó la posibilidad de un patrón de lluvia limitado, incluso con la llegada de la temporada de huracanes.
La NOAA ha confirmado que El Niño ya está presente y anticipa un fortalecimiento durante el resto del año. Si se materializan las proyecciones de una intensidad muy fuerte, este evento podría estar entre los de mayor magnitud desde 1950. Morales también añadió que el pico de fortaleza se espera entre noviembre y diciembre.
¿Cuáles son los efectos de El Niño en Puerto Rico?
El Niño se origina cuando los vientos alisios en el océano Pacífico cambian, provocando un calentamiento de las aguas. Este fenómeno altera patrones globales de viento y lluvia. En Puerto Rico, una historia de episodios de El Niño ha mostrado resultados mixtos. Por ejemplo, en un episodio fuerte en la década de 1990, la isla experimentó sequía, mientras que California se vio inundada por intensas lluvias.
A medida que se intensifica El Niño, aumenta la preocupación sobre el impacto en las precipitaciones en Puerto Rico. Morales destacó que, aunque puede reducir la actividad ciclónica, también podría complicar el acceso a la lluvia necesaria para afrontar la sequía prolongada.
¿Qué podrán esperar los agricultores y la población?
Los agricultores locales enfrentan serios desafíos, ya que las precipitaciones suelen mermar entre mayo y junio. Este año, condiciones meteorológicas empujan a anticipar un retraso en la llegada de ondas tropicales que típicamente traen lluvia en julio. Esto añade presión sobre los cultivos y la disponibilidad de agua en la isla.
Morales advierte que, a pesar de que El Niño puede implicar menos actividad ciclónica, no se debe bajar la guardia en la temporada de huracanes. Es crucial que la población esté atenta a posibles cambios en el clima a medida que se desarrolla el fenómeno.
La situación demanda una atención continua y adaptación tanto por parte del gobierno como de los ciudadanos, pues el manejo del agua y los cultivos se vuelven fundamentales en este contexto.
Con información de elnuevodia.com

