Alquézar, Huesca. - Este pintoresco pueblo, esculpido en roca, se erige como un tesoro arquitectónico en el corazón del Somontano, destacando por su impresionante colegiata y sus singulares pasadizos. Con apenas trescientos habitantes, la comunidad cuida celosamente su historia y encanto.
Este enclave histórico, que data del siglo IX, presenta un laberinto de callejuelas que reflejan su trascendencia a lo largo de los siglos. Los murales en sus paredes doradas y los característicos callizos ofrecen una visión única de su pasado musulmán y cristiano. Al recorrer sus empedradas alturas, se sienten las huellas de tiempos remotos en cada esquina.
La Colegiata de Santa María la Mayor, que se eleva majestuosamente, representa el corazón del pueblo. Esta fortaleza transformada en centro religioso integra estilos arquitectónicos como el románico y barroco, brindando a los visitantes un relato visual de su evolución. Las vistas desde su claustro son de una belleza deslumbrante, con el cañón del río Vero como telón de fondo.
Los callizos, además de ser elementos arquitectónicos, reflejan la ingeniosa adaptación del pueblo al entorno; estos pasadizos elevados conectan viviendas y permiten una vida más funcional y agradable. En cada paso, la historia se narra a través de su estructura y sus paisajes, convirtiendo una visita en un viaje en el tiempo.
Alquézar no es solo un destino turístico; es un espacio donde tradición y comunidad se entrelazan. La proximidad de otros templos e iglesias invita a explorar más allá de la colegiata, enriqueciendo la experiencia de descubrir este legado aragonés que sigue vivo en sus calles.
Con información de merca2.es

