Lucía Díaz, conocida como la "Tía Cuerva", ha dejado una huella indeleble en el Valle del Mantaro a través de sus creativas máscaras de chinchilpos y gamonales. Originaria de Huayucachi, su vida dio un giro inesperado cuando la necesidad económica la llevó a desarrollar un talento oculto que la convertiría en una figura emblemática de su comunidad.
Desde su taller en el Cerrito de la Libertad, Lucía comparte que su esposo, Abel Rojas Orellana, “El Cuervo”, fue una figura clave en sus inicios, aunque nunca le enseñó directamente. La inquietud de querer ayudar a su familia la llevó a experimentar con su propio arte, cosiendo zapatos y máscaras, lo que le permitió suplir las necesidades del hogar tras la partida de su esposo hacia Estados Unidos.
Con el tiempo, sus habilidades fueron perfeccionándose, y la "Tía Cuerva" se convirtió en una referencia en la elaboración de máscaras. "Los vecinos me decían que lo hacía bonito", recuerda, y esas palabras la motivaron a seguir creando. Su dedicación no solo ha transformado su vida, sino también la de sus hijos, quienes lograron finalizar sus estudios universitarios gracias a su incansable trabajo.
Lucía presenta con orgullo algunas de sus primeras obras, destacando la importancia de preservar la tradición artesanal. Las máscaras de badana que antes se vendían a precios bajos ahora son testimonios de su evolución y destreza. La fama de su trabajo ha crecido, y las órdenes de máscaras llegan de diversas regiones, expandiendo su impacto cultural más allá de Huayucachi.
Actualmente, la "Tía Cuerva" se enfrenta al desafío de cumplir con la demanda creciente de sus creaciones. Ha enviado máscaras a festividades en lugares tan lejanos como Cañete y Acobamba. Con varias plantillas guardadas, el legado de Lucía Díaz sigue en constante expansión, mostrando cómo el arte puede transformar vidas y mantener vivas las tradiciones.
Con información de diariocorreo.pe

