Pocas producciones pueden evidenciar tan claramente la evolución de los videojuegos como 007: El mañana nunca muere, lanzado en 1999. Este título fue el primero desarrollado por Electronic Arts tras adquirir la licencia del famoso agente de ficción. En su lanzamiento, persiguió la popularidad de GoldenEye 007, coincidiendo con el estreno de El mundo nunca es suficiente en los cines de Estados Unidos.
A pesar de su ambición, el juego presentó problemas significativos, como gráficos angulosos y una inteligencia artificial en su momento poco desarrollada. No obstante, incorporó una presentación visual atractiva y una banda sonora destacada. Este juego ha sido objeto de análisis en retrospectiva, reconociendo su aportación al género, a pesar de sus limitaciones técnicas y jugables.
John Botti, CEO de Black Ops Entertainment, explicó que debido a las diferencias de plataforma y la temática de la película que lo inspiró, el equipo se vio obligado a crear un producto único para PlayStation. La crítica fue dura, con calificaciones que oscilaban entre 2 y 5.7 en varias revistas especializadas, aunque logró vender más de 300,000 copias en el Reino Unido, lo que le valió un Premio Platino.
El desarrollo del juego comenzó en 1997, antes del estreno de la película, con la intención de que la historia fuera una secuela. Sin embargo, el cambio en la demanda de los jugadores hizo que se optara por contar la misma historia vista en la pantalla grande, y los niveles de juego se redujeron, perdiendo contenido inicialmente proyectado.
El control del personaje, con una mecánica rígida y un sistema complicado para cambiar de arma, representó un obstáculo. Los jugadores experimentaron frustración al intentar realizar acciones de sigilo, ya que el juego no facilitaba la necesaria discreción. Aún así, su legado perdura como testimonio de los retos enfrentados por el género en su época.
Con información de 3djuegos.com

