Torreón, Coahuila. - En el caluroso ambiente de la ciudad, el aroma a pan recién horneado se hace presente, no solo en las panaderías tradicionales, sino también en casas donde vecinas venden bolillos y conchas, generando ingresos para sus familias. Esta práctica, aunque a menudo catalogada como "piratería", representa una forma de subsistencia para muchas.
Las dificultades económicas han llevado a un incremento en la venta informal de productos, con ingresos que ayudan a cubrir necesidades básicas. Un estudio del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial revela que la venta de productos falsificados está en aumento, afectando tanto a consumidores como a empresas. Sin embargo, en Torreón y otras ciudades, el pan casero se ha vuelto una opción viable y necesaria.
La Cámara Nacional de la Industria Panificadora ha manifestado preocupación ante la competencia desleal que representa la venta de pan casero. Aseguran que la falta de regulación afecta sus ventas, aunque la realidad es que los altos costos de registro y cumplimiento de normas hacen el precio del pan industrial menos accesible. Esto obliga a los consumidores a optar por alternativas más económicas.
Mientras tanto, el comercio informal continúa creciendo, alcanzando un 54.9% de la población ocupada en el país, según datos recientes del INEGI. Jóvenes emprendedores, migrantes y amas de casa participan en esta economía, aumentando las oportunidades de trabajo, aunque en condiciones a menudo precarias. La formalización del negocio presenta muchos obstáculos, incluidos altos costos iniciales y trámites engorrosos.
Las panaderas locales siguen horneando con recetas familiares, ofreciendo no solo productos a buen precio, sino también una opción honesta para sostener a sus familias. Este fenómeno invita a reflexionar sobre el valor del comercio informal en la economía local y su papel en la vida cotidiana de tantas personas.
Con información de zocalo.com.mx

