A más de una década de los hechos trágicos en Eloxochitlán de Flores Magón, la comunidad mazateca aún enfrenta las secuelas de la violenta jornada del 14 de diciembre de 2014. Ese día, Manuel Zepeda Lagunas y Gustavo Estrada Andrade fueron asesinados en un ataque que dejó a muchas familias devastadas.
La violencia estalló durante una asamblea comunitaria donde Elisa Zepeda promovía la organización colectiva y la participación de mujeres. Un grupo de autoridades locales buscaba a la activista en su hogar, lo que desencadenó homicidios, incendios y agresiones contra ella y su madre.
Manuel Zepeda, un padre de dos niñas, fue visto por última vez en una patrulla municipal, donde se alegó que iba a ser presentado ante el Ministerio Público por una supuesta infracción. Horas después, su cuerpo fue hallado con lesiones que no coincidían con la versión oficial sobre su arresto. En tanto, Gustavo Estrada perdió la vida intentando proteger a Elisa, dejando a su familia con un vacío irremediable.
La violencia tuvo efectos duraderos. Magdalena Lagunas, madre de Manuel y Elisa, también fue víctima del ataque y perdió su ojo izquierdo. Elisa ha sobrevivido y se ha convertido en una figura clave en la búsqueda de justicia. El pastor Gaspar Martín Chablé, quien también fue agredido, sigue lidiando con las consecuencias.
Las repercusiones de aquel día aún son palpables en la comunidad. Hoy, las hijas de Manuel son adolescentes que crecen sin su padre, y los hijos de Gustavo han enfrentado la pérdida de su progenitor. Muchas familias han abandonado Eloxochitlán por temor, evidenciando una profunda necesidad de justicia que persiste en la comunidad.
Con información de heraldodemexico.com.mx

