Ciudad de México, CDMX. - Este agosto se cumplieron 100 años del inicio de la Cristiada, una guerra que tuvo lugar entre 1926 y 1929 y que dejó una profunda huella en la historia de México. La persecución religiosa, impulsada por el anticléricalismo, se enraizó en disputas históricas que comenzaron mucho antes de esta contienda.
La Cristiada no puede entenderse sin retroceder a eventos históricos como la Revolución Francesa, que sentó bases para la violencia estatal contra la religión. Aunque la guerra de la Vendée fue un precedente significativo en 1790, el anticlericalismo radical también se vivió en México durante el siglo XIX. La Iglesia católica había estado intrínsecamente ligada a la vida novohispana y sus privilegios generaron tensiones que desembocaron en reformas liberales.
El enfrentamiento entre liberales y conservadores en México creció desde la independencia. La Constitución de 1824 proclamó la religión católica como oficial, pero las reformas de mediados de siglo llevaron a un rechazo de los fueros eclesiásticos. Las Leyes de Reforma, impulsadas por líderes como Benito Juárez y Melchor Ocampo, buscaban trasladar el poder de la Iglesia al Estado, y la Guerra de Reforma dejó heridas abiertas en el tejido social.
La proclamación de la República y el intento de restablecer el orden tras la intervención francesa no lograron cerrar las fracturas religiosas. La victoria de los liberales no resultó en paz duradera, y la antagonización entre la Iglesia y el Estado continuó. Con el surgimiento del régimen de Plutarco Elías Calles, la represión religiosa se intensificó, resultando en una resistencia armada por parte de los cristeros.
La memoria de la Cristiada sigue vigente, recordando un capítulo doloroso de la historia nacional en el que la religión y la política chocaron con consecuencias profundas en la sociedad mexicana.
Con información de theobjective.com

