La prohibición del uso de celulares en las aulas, vigente por tres meses, ha generado diversas reacciones en el entorno escolar chileno. Mientras algunos docentes destacan mejoras en la concentración y convivencia, otros se enfrentan a nuevos desafíos en el manejo del aula y la adaptación de los estudiantes.
Hernán Ramírez, profesor de Ciencias Sociales en Valdivia, comenta que el cambio ha sido significativo. Inicialmente, los estudiantes buscaban alternativas para saber el tiempo, como la instalación de relojes en pasillos. Al ajustar esta falta, los alumnos han mostrado un incremento en su atención durante las clases, lo que ha beneficiado el aprendizaje.
Por otro lado, Leyla Gidi, docente en Collipulli, relata que aunque la normativa ha dado algunos beneficios, también ha generado tensiones. La falta de un mecanismo claro para regular el uso de celulares ha llevado a un aumento de desorden y conductas disruptivas en su escuela. La situación en su liceo es compleja, ya que muchos estudiantes dependen de sus dispositivos para comunicarse con familias en zonas de riesgo.
El investigador Juan Pablo Catalán destaca que las escuelas deben enfocarse no solo en limitar el uso del celular, sino en reconstruir la convivencia y fomentar espacios de interacción. A medida que los docentes adaptan sus enfoques, surge la pregunta sobre la equidad en la aplicación de esta normativa según las realidades de cada institución educativa.
Con la experiencia acumulada en estos tres meses, se refleja que la regulación del celular deber ser acompañada por una educación digital que promueva un uso más responsable y un entorno más propicio para el aprendizaje.
Con información de latercera.com

