Ciudad de México, CDMX. - La disminución del interés por la lectura en adolescentes no solo es responsabilidad de los jóvenes, sino del enfoque que los adultos han impuesto a esta actividad. Actualmente, muchos adolescentes están más atraídos por las pantallas que por los libros, lo que los lleva a mostrar deficiencias en comprensión lectora y redacción. En este contexto, surge la pregunta de qué podemos hacer para cambiar esta tendencia.
Incluso cuando se obtienen malos resultados en pruebas educativas, la búsqueda de culpables suele centrarse en factores externos, como la cultura de la inmediatez y la influencia de las redes sociales. Sin embargo, es vital reconocer que este problema también es resultado de la forma en que se ha enseñado la lectura, convirtiéndola en una obligación y no en un placer. "Quizá algunos no odien la lectura, sino que quizás odien la lectura que nosotros les hemos enseñado a odiar", señala un educador.
Las pantallas y las herramientas digitales han revolucionado el entorno de aprendizaje, pero los adultos han normalizado su uso sin establecer límites claros. A medida que la inteligencia artificial se convierte en una herramienta común, la solución no radica en prohibir su uso, sino en educar sobre su aplicación crítica. Los alumnos deben aprender a discernir cuándo y cómo utilizar estos recursos en su formación académica.
La puerta abierta a la tecnología no debe enfrentarse a la lectura, sino acompañarla. Es esencial que la comunidad educativa encuentre maneras de integrar el interés por la lectura en el mundo digital de los jóvenes. Promover esta conexión no solo ayudará a desarrollar habilidades de comprensión, sino que también facilitará la adaptación a un futuro donde la alfabetización incluirá la competencia digital y el pensamiento crítico.
Cierre: La lectura, como herramienta fundamental de conocimiento y cultura, debe repensarse para construir puentes y no muros entre los estudiantes y el aprendizaje.
Con información de lavanguardia.com

