Bucaramanga, Santander. - La historia de La Esquinita, una emblemática sede musical ubicada en la carrera 26 con el bulevar Bolívar, perdura desde 1965, marcando un hito en la memoria de los amantes de la música en la ciudad. Este lugar, que alguna vez fue un refugio para quienes buscaban un trago y buena música, hoy alberga un negocio de bebidas que contrasta con su rica historia musical.
La Esquinita comenzó como un sencillo punto de encuentro, impulsada por Gonzalo Velásquez y William Wolf, quienes buscaban crear un espacio de esparcimiento. Con el tiempo, la música fue ganando protagonismo, convirtiéndose en un lugar donde los melómanos podían disfrutar de discos originales en un ambiente de tertulia. En 1977, Carlos Pinto Buenahora adquirió el lugar, transformándolo en un archivo de joyas musicales que acumuló más de 14,000 discos de acetato y elepés de grandes figuras como Carlos Gardel y Los Panchos.
Este rincón atesoró numerosos discos únicos que se han vuelto importantes tanto para coleccionistas como para los amantes de la historia musical. Entre ellos, destaca la única copia existente del bambuco 'El Vagabundo', grabado en 1919. La Esquinita funcionó como un verdadero museo de la música, donde cada disco contaba una historia y evocaba recuerdos de generaciones pasadas.
A pesar de su cierre, el legado de La Esquinita permanece en la memoria colectiva de Bucaramanga. Los residentes todavía recuerdan cómo la música, en su forma más puro, podía evocar recuerdos y emociones. Actualmente, se espera que iniciativas de preservación cultural reconozcan y valoren estos espacios que han sido pilares de la identidad musical de la ciudad.
Con información de vanguardia.com

