Tlaxcala, Tlaxcala. - Las elecciones en Tlaxcala parecen ser un cambio de nombre más que de liderazgo. Desde hace más de cinco décadas, el poder se ha mantenido en manos de unas pocas familias, que han cambiado de partido, pero no de gobernantes. Alfonso Sánchez García, hijo del exgobernador Alfonso Sánchez Anaya, ha emergido como el candidato oficial del movimiento de Andrés Manuel López Obrador para las próximas elecciones.
Aún antes de la actual contienda, la clase política de Tlaxcala ha permanecido prácticamente inalterada. Desde los años setenta, distintas figuras han surgido apoyadas por un sistema que favorece a las mismas élites, como Beatriz Paredes Rangel. Este fenómeno se ha manifestado en la elección de diez gobernadores, de los cuales solo dos no siguieron la línea marcada por las familias políticas tradicionales.
La gobernadora Lorena Cuéllar enfrenta acusaciones de favorecer a Sánchez García, lo que podría poner en entredicho la equidad del proceso interno en Morena. Sus opositores, liderados por Ana Lilia Rivera, han denunciado que la mandataria estatal utiliza recursos públicos para beneficiar al candidato oficial, una acusación que ha sido alimentada por la difusión de videos y fotografías que evidencian estas prácticas.
El proceso electoral de 2027 se complica aún más con el nombramiento de Roberto Carlos Félix como encargado de despacho del Instituto Nacional Electoral en Tlaxcala, quien asumió el cargo en medio de la controversia. La cercanía de Félix con la presidenta del INE, Guadalupe Taddei, podría incidir en la transparencia del proceso electoral, donde se requieren líderes experimentados para garantizar su éxito.
Mientras tanto, Tlaxcala se encuentra en una encrucijada, debatiéndose entre la continuidad de un sistema político anquilosado y la posibilidad de cambio hacia una nueva clase dirigente que represente de manera efectiva a la ciudadanía.
Con información de quadratin.com.mx

