Doral, Florida. - Los migrantes venezolanos en Doral han comenzado a aislarse en sus hogares para evitar la vigilancia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Este cambio en sus rutinas ha sido impulsado por el contexto de redadas cada vez más frecuentes en la ciudad, que alberga la mayor población venezolana de Estados Unidos.
María, una migrante de 52 años con un caso de asilo pendiente, ha modificado su vida diaria para disminuir el riesgo de ser detenida. Desde la captura de su primo en Orlando, su temor ha crecido, ya que también tenía un estatus migratorio similar. A pesar de que su situación debe protegerla contra la deportación, siente que el peligro es inminente.
"Todo este año he estado muy asustada. Mis pasos están súper restringidos", comenta María, quien ha dejado de lado actividades sociales y recreativas. En su lugar, utiliza aplicaciones para rastrear la ubicación de su familia y se mantiene informada sobre los movimientos de ICE. Esta situación le provoca una ansiedad que percibe como un constante "falta de aire".
La decisión de permanecer en Estados Unidos fue impulsada por una situación traumática en Venezuela. En 2019, su esposo fue amenazado y obligado a realizar pruebas médicas por delincuentes armados. A pesar de venir inicialmente por vacaciones, solicitaron asilo al enterarse de que su familia estaba en peligro.
María continúa su trabajo en Doral, donde a menudo pasa por áreas asociadas con la infraestructura de Donald Trump, en medio de la presión de las políticas migratorias de su administración. Desde 2021, un número significativo de venezolanos ha obtenido el Estatus de Protección Temporal en el país, resaltando la alta demanda de asilo en esta comunidad.
Con información de elobservador.com.uy

