Ciudad de México. – Un miembro del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de Estados Unidos abatió a tiros a una mujer desarmada en Minneapolis, Minnesota, horas después de que el gobierno de Donald Trump desplegara cerca de 2 mil agentes federales en la ciudad. Videos difundidos por testigos muestran a dos agentes intentando sacar a la conductora de su vehículo; al intentar ella alejarse, un tercer uniformado se interpuso y le disparó en la cabeza.
La directora del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), Kristi Noem, calificó el hecho como un acto de “terrorismo doméstico contra los oficiales”, asegurando que el agente actuó en defensa propia. Esta narrativa fue secundada por Trump y otros funcionarios. Sin embargo, el alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, condenó enérgicamente la acción, calificándola de “pendejadas” y declarando que el ICE no provee seguridad, sino que genera caos y desconfianza, separando familias y matando personas. Frey exigió al ICE “lárguense de Minneapolis, no los queremos aquí”.
El gobernador Tim Walz también pidió a Trump y Noem que no intervengan en el estado, respaldando la postura de Frey. La secretaria de Seguridad reiteró que el oficial actuó conforme a su entrenamiento.
Este incidente se suma a la deriva autoritaria en Estados Unidos bajo el trumpismo, donde el uso de la fuerza policial y la impunidad son problemas históricos. La celebración del abuso de autoridad y la caracterización del intento de escape de la víctima como “terrorismo doméstico” evidencian la tergiversación de conceptos por parte de la administración republicana para criminalizar opositores.
La respuesta de los habitantes de Minneapolis, quienes protagonizaron grandes protestas tras el asesinato de George Floyd en 2020 a poca distancia del incidente, refleja un hartazgo ante la retórica de odio y el afán de establecer un Estado policiaco. La indignación ciudadana ante este nuevo hecho ofrece esperanza de una reacción social contra el fascismo y por la recuperación de la civilidad.
