Mérida, Yucatán. - En un informe reciente, el Gobierno federal reveló que la Península de Yucatán ha experimentado la pérdida de 285 mil 580 hectáreas de selva entre 2019 y 2023, lo que equivale a un promedio de 196 hectáreas diarias. Esta cifra fue incluida en el Programa Institucional 2026-2030 del Centro de Investigación Científica de Yucatán (CICY) y destaca la urgencia de abordar las implicaciones ecológicas de este fenómeno.
La deforestación no solo disminuye la superficie de selva; también impacta profundamente a la fauna local. El jaguar, que representa una de las principales especies en peligro de extinción en la región, se ve afectado por la fragmentación de su hábitat. La Península alberga el 37% de los corredores biológicos críticos del país, pero su conectividad se ve amenazada por la construcción de carreteras y desarrollos turísticos.
Además de la pérdida de biodiversidad, la deforestación contribuye a la liberación de entre 4 y 8 millones de toneladas de dióxido de carbono al año. Este fenómeno es comparable a las emisiones permanentes de cientos de miles de vehículos. Estimaciones del CICY indican que la construcción del Tren Maya solo removió 470 mil 750 toneladas de carbono de la vegetación en su ruta.
El impacto también se siente en el ciclo del agua, ya que la Península depende de la infiltración de la lluvia en su sistema acuífero, el cual alimenta a millones de personas. Investigaciones han mostrado que la reducción de selva afecta la capacidad de recarga de este acuífero, poniendo en riesgo el suministro de agua dulce.
El CICY ha reconocido la magnitud de la deforestación y emprenderá acciones de investigación sobre restauración ecológica hasta 2030. Sin embargo, todavía queda un largo camino por recorrer para revertir los daños y proteger el ecosistema peninsular.
Con información de poresto.com

