La omisión en la renovación del seguro estatal expone a comunidades veracruzanas a daños sin respaldo oficial, en un contexto de respuestas tardías y críticas.
El estado de Veracruz enfrenta una problemática insostenible tras las recientes lluvias torrenciales, en medio de una ausencia de cobertura de seguros contra desastres naturales desde hace varios meses. La póliza anterior, contratada por la administración pasada y que cubría una amplia gama de riesgos geológicos y meteorológicos, venció en mayo de este año sin ser renovada. En su lugar, se creó una nueva aseguradora estatal, la Aseguradora Veracruzana de Servicios Integrales, cuyo funcionamiento y recursos aún generan dudas acerca de su capacidad para responder en casos de emergencia.
La falta de una aseguradora activa en momentos críticos ha provocado que comunidades afectadas en municipios como Poza Rica soporten daños sin respaldo económico, agravando la vulnerabilidad de población ya azotada por las intensas lluvias. La gobernadora Rocío Nahle fue criticada por su respuesta a la situación; durante una visita a una zona afectada, minimizó el impacto de las inundaciones y evitó afrontar las quejas por la falta de acciones efectivas para auxilio y evacuación.
Este episodio refleja una problemática de fondo en la gestión de riesgos en Veracruz, donde la inacción y la ausencia de mecanismos adecuados para proteger a los ciudadanos en momentos de crisis convierten a las comunidades en víctimas de una planificación insuficiente. La situación plantea la urgencia de revisar las políticas de protección civil y la capacidad de respuesta oficial en un estado recurrentemente afectado por fenómenos meteorológicos extremos y eventos geológicos.
