Joaquín Guzmán López se declara culpable de delitos relacionados con narcotráfico, revela un intento de cooperación con autoridades estadounidenses y evidencia fracturas internas en el cártel de Sinaloa.
El 1 de diciembre, Joaquín Guzmán López, conocido como “El Güero” y hijo del famoso narcotraficante Joaquín “El Chapo” Guzmán, admitió en una corte federal en Chicago su implicación en delitos relacionados con el narcotráfico y conspiración para tráfico de drogas. Durante la audiencia, el joven se declaró culpable de participar en la operación de secuestro de Ismael “El Mayo” Zambada, uno de los líderes históricos del Cártel de Sinaloa, en un intento de obtener beneficios judiciales mediante una cooperación con las autoridades estadounidenses. Sin embargo, las agencias estadounidenses aclararon que no solicitaron ni aprobaron dicha operación, demostrando una fractura interna en la organización criminal.
Este proceso judicial evidencia la gravedad de la crisis que enfrenta el Cártel de Sinaloa, considerado por Estados Unidos como una organización terrorista que ha causado significativa violencia y destrucción social en ambos lados de la frontera. Guzmán López fue trasladado a EE.UU. en 2024, en un operativo que también involucró a su hermano Ovidio Guzmán, quien previamente aceptó cargos similares. Ambos son señalados como líderes de la facción “Los Chapitos”, encargados de distribuir drogas peligrosas como fentanilo y cocaína, responsables de gran parte de la crisis de opioides que atraviesa Estados Unidos.
Por su parte, Guzmán López enfrenta cargos por narcotráfico, crímenes organizados y posesión de armas, y actualmente colabora con las autoridades en un intento por reducir su condena, que podría variar entre diez años y cadena perpetua. El testimonio de su participación en el secuestro de Zambada abrió una fisura que refleja las tensiones internas en el cártel y la lucha por el control del territorio y las operaciones criminales. Está previsto que vuelva a comparecer en junio de 2026, en espera de su sentencia definitiva.
Este caso refuerza la estrategia de Estados Unidos para desmantelar las principales organizaciones delictivas en la región, promoviendo la colaboración de miembros del cártel en un intento por frenar el flujo de drogas y violencia. La presencia de “El Güero” en tribunales marca un momento crucial en la lucha contra uno de los cárteles más poderosos y peligrosos de México.
