La llegada de grandes empresas tecnológicas a tierras rurales de Querétaro fortalece la economía y plantea desafíos ambientales y sociales.
México avanza en su transformación digital mediante la consolidación de un robusto sector de centros de datos, impulsada por inversiones millonarias en Querétaro. Empresas internacionales como Amazon Web Services, Microsoft, Google, KIO Networks y otras han establecido bases operativas en la región, beneficiándose de terrenos rurales y recursos naturales estratégicos. Se estima que para 2029, esta industria aportará aproximadamente 73,500 millones de dólares al Producto Interno Bruto del país, representando alrededor del 5.2% del PIB, según datos de la Asociación Mexicana de Data Centers.
La conversión de terrenos agrícolas en infraestructuras tecnológicas responde a la disponibilidad de amplias superficies y cercanía a líneas de transmisión eléctrica, además del acceso a agua, recurso crucial para el enfriamiento de servidores. Sin embargo, esta expansión no está exenta de controversia; la explotación del acuífero del Valle de San Juan del Río muestra signos de estrés hídrico, y la gestión del recurso ha generado debate sobre la regulación y sostenibilidad. La legislación estatal, que permite concesiones privadas del agua, ha sido criticada por opositores y activistas que temen que estas acciones profundicen la crisis hídrica y afecten a las comunidades locales.
En contextos internacionales, como en Texas, la transformación similar en zonas rurales ha provocado tanto inversión como resistencia, con comunidades preocupadas por impactos ambientales y sociales. En Querétaro, activistas alertan sobre los efectos negativos en el medio ambiente y exigen mayor transparencia en las decisiones de gobierno respecto al manejo de los recursos. La tendencia global revela que, si bien la inversión en centros de datos puede traer beneficios económicos, también requiere una regulación responsable y un diálogo abierto con las comunidades afectadas.
