Organizaciones ambientales advierten que las afectaciones en cenotes y cavernas de Quintana Roo son mucho más extensas de lo que admite el gobierno, poniendo en riesgo el acuífero maya. El avance de las obras del Tramo 5 Sur del Tren Maya en Quintana Roo ha generado serias preocupaciones entre especialistas en medio ambiente, quienes aseguran que los daños a cenotes y cavernas son mucho más extensos de lo reportado oficialmente. Mientras las autoridades han reconocido afectaciones en un número limitado de puntos, las evidencias indican que más de 130 cavidades subterráneas presentan impactos como perforaciones, fracturas y rellenos de concreto que afectan la biodiversidad y el acuífero maya, uno de los sistemas acuáticos subterráneos más grandes del mundo. Expertos en hidrogeología señalan que la afectación es sistemática y progresiva, sin acciones contundentes para la restauración o mitigación de daños. A pesar de la realización de trabajos superficiales de limpieza, los proyectos de protección y monitoreo permanecen insuficientes, lo que mantiene en riesgo ecosistemas sensibles como zonas de jaguares, ocelotes y pecaríes. Además, la devastación en selvas y humedales por deforestación y uso de explosivos ha destruido hábitats vitales, colocando en peligro la flora y fauna nativa. En este contexto, colectivos ambientalistas planean presentar nuevas denuncias ante instancias nacionales e internacionales para alertar sobre los riesgos irreversibles que representa el Tren Maya para el acuífero maya. La situación sumerge en una discusión la necesidad de priorizar la conservación del patrimonio natural frente a proyectos de infraestructura de gran escala que aún no garantizan el respeto ambiental ni la restauración de los daños ocasionados.
