Las vacaciones de invierno representan una oportunidad invaluable para que los niños aprendan sobre la importancia del medio ambiente y el turismo sustentable. Estas experiencias les permiten adquirir conciencia ecológica, entender el valor del agua dulce proveniente de la nieve y reconocer el esfuerzo de los productores locales.
En el norte, el Desierto de Atacama ofrece un escenario ideal para la práctica del astroturismo. Aquí, los niños pueden descubrir cómo preservar los cielos limpios, participando en talleres que abordan la contaminación lumínica y la conservación de la astronomía. En el centro, los centros de esquí les permiten asumir el papel de “defensores del agua”, enfatizando el rol crucial que la nieve juega en el suministro de este recurso vital.
Mientras tanto, en el sur, se implementan programas que estimulan a los niños a convertirse en "protectores de parques nacionales". La Corporación Nacional Forestal (CONAF) promueve la filosofía "No Dejar Huella", inspirada en el programa internacional Leave No Trace, buscando minimizar el impacto humano en la naturaleza y educar sobre la conservación de la biodiversidad.
Este enfoque educativo no es solo una iniciativa local; también resuena a nivel internacional. Un ejemplo es el modelo de Sorrento en Italia, donde se realizó la primera Cumbre Mundial de Turismo Joven de la ONU, enfocándose en la educación ambiental. A través de actividades prácticas, se enseñó a jóvenes sobre reciclaje y los desafíos ecológicos actuales.
Incorporar estas iniciativas en las vacaciones de invierno permite transformar el descanso en un proceso educativo significativo, estableciendo un vínculo estrecho entre los niños y su entorno. Esta labor requiere un compromiso conjunto entre el Estado y las comunidades, abogando por políticas que fomenten el turismo sustentable, a fin de cultivar una conciencia ecológica que perdure en el tiempo.
Con información de diarioelheraldo.cl

