Tijuana y Culiacán han sido escenario de intensas disputas relacionadas con el narcotráfico, marcadas por guerras internas del Cártel de Sinaloa y la expansión del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). La violencia en estas ciudades ha afectado profundamente su vida cotidiana, generando un aumento alarmante en los homicidios y convirtiéndolas en puntos focales de la criminalidad en México.
A pesar de estar separadas por más de mil kilómetros, ambas ciudades comparten un pasado doloroso vinculado al crimen organizado. Desde la década de 1990, Culiacán y Tijuana han enfrentado conflictos por el control de rutas de tráfico de drogas hacia Estados Unidos, lo que ha provocado un aumento en las tasas de violencia y criminalidad.
Durante el periodo de 2008 a 2010, Tijuana vivió una de sus etapas más sombrías, con un incremento exponencial en homicidios, secuestros y desapariciones, resultado de la guerra entre el Cártel de Sinaloa y el Cártel Arellano Félix. La intervención militar en 2007 trató de frenar esta crisis, pero los niveles de violencia no cayeron drásticamente hasta la captura de líderes criminales, como Teodoro García Simental.
Sin embargo, la aparente calma fue efímera. En 2014, la detención del líder Arellano Félix, Fernando Sánchez Arellano, reavivó las disputas entre facciones locales. Al mismo tiempo, el Cártel de Sinaloa comenzó a fragmentarse tras la captura y escapes de Joaquín "El Chapo" Guzmán, lo que desencadenó una nueva ola de violencia y la llegada del CJNG.
Este cártel ha consolidado su presencia en Tijuana, convirtiéndola en un importante punto de tráfico de drogas. La competencia por el control de las rutas ha derivado en enfrentamientos violentos que, según informes, han causado alrededor de 30 mil muertes desde 2015, aunque se estima que la cifra real podría ser mayor. Las luchas entre los grupos criminales continúan, intensificando la crisis de violencia en ambas ciudades.
Con información de revistaespejo.com

