San Pedro Nonualco, El Salvador. – A 25 años del devastador terremoto que sacudió El Salvador, el 13 de febrero de 1998, un sismo de magnitud 6.6 dejó un saldo de más de 300 fallecidos. Este evento marcó un antes y un después en la historia del país, evidenciando la vulnerabilidad de su infraestructura.
El terremoto ocurrió solo 31 días después de otro sismo significativo en enero de ese mismo año. Las repercusiones de ambos desastres naturales han resonado en diversas áreas, desde la reconstrucción de edificios hasta la implementación de nuevas normativas de construcción. Las comunidades afectadas tuvieron que enfrentar un arduo proceso de recuperación.
Durante el evento, numerosas declaraciones de expertos y autoridades resaltaron la importancia de mejorar la preparación para futuros desastres. El Ministro de Gobernación de la época expresó la necesidad urgente de invertir en infraestructura resistente y planes de evacuación efectivos para salvar vidas en situaciones de emergencia.
La historia de este terremoto subraya la vulnerabilidad geográfica de El Salvador, ubicado en una zona sísmica activa. Desde entonces, se han realizado esfuerzos significativos en formación y educación sobre desastres, así como en la mejora de los sistemas de alerta temprana para proteger a la población.
A medida que se conmemora este trágico aniversario, es vital reflexionar sobre los aprendizajes adquiridos y seguir fortaleciendo la resiliencia del país frente a eventos naturales que podrían ocurrir en el futuro.

