La defensa de la soberanía en México no solo se trata de hacer frente a amenazas externas, sino también de asegurar el control efectivo del territorio y garantizar el cumplimiento de las leyes por parte del Estado. Este enfoque es crucial, dado que el aumento del crimen organizado y el desamparo afectan a millones a diario.
La soberanía se manifiesta en la vida cotidiana de los ciudadanos. Una nación realmente soberana es aquella donde los individuos viven en un entorno seguro y con acceso a la justicia. En diversas comunidades, la violencia y la extorsión generan un clima de miedo que cuestiona el control estatal en esas áreas.
Desde hace tiempo, México enfrenta una profunda crisis de seguridad que no se limita al crimen organizado, sino que está vinculada a la corrupción y la impunidad, entre otros problemas sociales. Este complejo escenario requiere más que una respuesta militar; es esencial abordar la inseguridad como un fenómeno multifacético y no normalizarlo.
La Constitución establece que es responsabilidad del Estado garantizar la seguridad pública y proteger los derechos humanos. Así, la seguridad debe ser vista como un derecho fundamental, donde todos los mexicanos tienen el derecho a vivir sin temor y a desarrollarse en entornos seguros.
Proteger la soberanía conlleva no solo evitar intervenciones externas, sino también fortalecer las instituciones y combatir la corrupción. Un verdadero avance en la seguridad se logrará con políticas integrales que aborden las causas profundas de la violencia, como la falta de educación y empleo, mientras se implementan medidas contundentes contra los actores violentos.
Con información de eluniversal.com.mx

