La figura de Juan Román Riquelme en Boca Juniors se consolidó en la década de 1990, especialmente tras el retiro de Diego Maradona, que había dejado una profunda huella en el club. Carlos Bianchi, al hacerse cargo del equipo en 1998, decidió construir su proyecto alrededor del mediocampista, estableciendo una conexión especial que permitió a Riquelme brillar en su máxima expresión.
Riquelme no solo destacó por su habilidad técnica, sino también por su inteligencia en el juego. Su manera de ralentizar el ritmo, esperar el momento preciso y proporcionar pases letales cambió el juego. Jorge Valdano, exjugador del Real Madrid, lo describió como un futbolista capaz de elegir el camino correcto y el pase ideal para sus compañeros.
La sinergia entre Riquelme y el delantero Martín Palermo fue clave para el éxito del equipo. Palermo resaltó cómo su relación se fortaleció a través de múltiples entrenamientos y la comunicación constante en el campo. Juntos, llevaron a Boca a ganar campeonatos nacionales y la Copa Libertadores de 2000, donde Riquelme brilló con un memorable pase que deslumbró a los aficionados.
Su actuación en la final de la Copa Intercontinental 2000 contra el Real Madrid solidificó aún más su legado. A pesar de una lesión que generó dudas sobre su participación, Riquelme mostró una gran capacidad al facilitar dos goles y controlar el ritmo del partido. Con ese triunfo, Boca Juniors reafirmó su estatus en el fútbol mundial y Riquelme consolidó su lugar en la historia del club.
Actualmente, Riquelme es recordado no solo como un jugador excepcional, sino como un símbolo que marcó una época dorada en Boca Juniors y un referente que eclipsó la figura de Maradona en el corazón de los aficionados.
Con información de goal.com

