Porfirio Díaz, quien gobernó México durante más de 30 años, falleció el 2 de julio de 1915 en París, Francia. Su muerte se dio tras una larga etapa de exilio debido al estallido de la Revolución Mexicana en 1910, lo que dejó un fuerte impacto en la historia del país.
En sus últimos momentos, Díaz estuvo acompañado por su esposa Carmelita Romero Rubio, su hijo Porfirio y su nuera. A pesar de su larga y controvertida carrera política, la muerte del exmandatario fue silenciosa y sin la compañía de grandes figuras políticas de su tiempo.
A lo largo de su gobierno, Díaz implementó importantes obras de modernización en México, como la expansión de la red telegráfica y de vías férreas. Estas iniciativas promovieron el desarrollo del país, aunque también coexistieron con un periodo marcado por la represión política y social que generó descontento y polarización.
Los restos de Porfirio Díaz nunca regresaron a México. Tras su muerte, las autoridades francesas decidieron enterrarlo en el cementerio de Montparnasse, un lugar que contrasta con su deseo de ser sepultado en su tierra natal, lo que ha generado especulaciones y un legado de controversia alrededor de su figura.
A más de un siglo de su fallecimiento, el legado de Díaz persiste en el país, con una mezcla de admiración y rechazo. Su influencia en la modernidad de México y las complicaciones sociales de su mandato siguen siendo temas de análisis en la historia contemporánea.
Con información de infobae.com

