En el proceso de envío de remesas, los migrantes enfrentan una serie de desafíos que impactan su salud mental. La incertidumbre sobre cuándo y cuánto dinero llegará a sus seres queridos genera una ansiedad constante en quienes viven lejos de sus familias. Esta situación se pone de relieve especialmente el 16 de junio, Día Internacional de las Remesas Familiares, cuando se reconoce la labor de más de 200 millones de migrantes.
El sistema que utilizan muchos migrantes para enviar dinero es frecuentemente informal y carente de regulación. Rebeca Castro, migrante venezolana en Madrid, indica que no puede prever el monto exacto que sus familiares recibirán, debido a que los tipos de cambio y las comisiones son variables y poco transparentes. Esta falta de claridad contribuye a su estrés emocional al momento de hacer transferencias.
Por su parte, Yanara Pérez, originaria de Cuba, comparte su experiencia de dificultar el envío de dinero a su madre en la isla. La escasez de tarjetas de acceso y los desafíos legales han hecho que, en lugar de utilizar servicios seguros, recurra a intermediarios, un método que igualmente añade riesgos y complicaciones en la transacción.
A su vez, María José, quien dejó Guerrero, México, menciona que la situación migratoria la obliga a recurrir a métodos alternativos para enviar apoyo económico a su hijo. Se siente atrapada entre el temor a ser identificada y la necesidad de ayudar a su familia, lo que subraya la angustia emocional que acompaña a cada envío de remesas.
Las remesas representan un flujo financiero crucial para millones de hogares en países de ingresos bajos y medianos. Según las Naciones Unidas, hasta 700 mil millones de dólares son enviados cada año. Sin embargo, los desafíos en el proceso afectan no solo el bienestar financiero de los beneficiarios, sino también el equilibrio emocional de quienes emigran.
Con información de infobae.com

