La experiencia de Danny Iniestra ilustra la complejidad de regresar a México tras vivir dos décadas en Estados Unidos. A su llegada, se enfrentó a precios exorbitantes y etiquetas que lo separaban de su identidad. A pesar de tener un cuerpo marcado por símbolos mexicanos, se sintió como un extraño en su propio país.
En el barrio conocido como Little LA, en la colonia Tabacalera, muchos como Iniestra enfrentan un reto similar. Este lugar ha emergido como un punto de encuentro para los 203,685 mexicanos repatriados entre enero de 2025 y abril de 2026, según datos de la Secretaría de Gobernación. La organización New Comienzos ofrece apoyo en diversas áreas para quienes buscan reintegrarse y encontrar un sentido de pertenencia.
La generación 1.5, concepto acuñado por el sociólogo Rubén Rumbaut, describe a aquellos que migraron desde la infancia. Estos individuos, aunque son ciudadanos mexicanos, a menudo se sienten desconectados de sus raíces. La falta de infraestructura en México para atender sus necesidades es notable, a pesar de que el país celebra a su diáspora como una fuente de remesas y cultura.
Los problemas no se limitan a una política migratoria deficiente; también se reflejan en la recepción cultural que reciben al regresar. Un análisis en León, Guanajuato, demostró que, aunque las trayectorias laborales de deportados y no deportados tienden a converger, el estigma social persiste. Este rechazo, que proviene de colegas, instituciones y vecinos, agrava la situación y puede aumentar la vulnerabilidad económica de estos ciudadanos.
Cabe mencionar que México tiene responsabilidades legales hacia esta población. Un estudio de Columbia Law School revela que el 87% de los deportados no reciben los servicios que la ley les garantiza. La necesidad de mejorar las políticas y el apoyo para este grupo es evidente.
Con información de excelsior.com.mx

