Ciudad de México, CDMX. - Santiago Barraza López, tras seis años de residir en el extranjero, regresó a su ciudad natal este verano. Durante dos años se había mantenido alejado de la capital mexicana, y al volver, enfrentó una realidad que no correspondía a sus recuerdos. La transformación de su entorno le hizo sentir como un extraño en un lugar que siempre consideró su hogar.
Al recorrer la ciudad, Barraza notó un incremento en la presencia de negocios internacionales, una mayor diversidad de restaurantes y un ambiente más cosmopolita. Aquellas calles y barrios que conocía como la palma de su mano le parecieron radicalmente distintos. En ocasiones, se vio obligado a preguntar sobre qué establecimientos habían surgido o cuáles habían cerrado, un indicativo de su desconexión.
Reencontrarse con amigos reveló más cambios. Muchos habían formado familias, cambiado de empleo o simplemente adaptado sus vidas a nuevas circunstancias. Sin embargo, ciertas conversaciones y dinámicas se mantenían, creando una mezcla de familiaridad y extrañeza que hizo cuestionar sus propias transformaciones. “Tal vez el que había cambiado era yo”, reflexionó Barraza.
Durante su estancia en México, también emergieron anhelos por su vida en Londres. La relación con su pareja se había fortalecido, lo que le llevó a extrañar no solo su vivienda, sino también la rutina que habían construido juntos. Este nuevo contexto de vida lo llevó a reconocer que su sentido de pertenencia se había desplazado.
A pesar de la nostalgia y los lazos con su ciudad natal, el viaje forzó a Barraza a aceptar que su vida cotidiana ahora se desarrolla a miles de kilómetros. Consciente de este cambio, se encuentra en una encrucijada, entre sus raíces en México y su nueva vida en el Reino Unido.
Con información de clarin.com

