Expertos coinciden en la necesidad de ajustes fiscales que favorezcan el crecimiento económico y modernización del sector privado.
México enfrenta un escenario económico que requiere ajustes en sus políticas fiscales para promover la inversión y fortalecer el sector privado. La propuesta de una reforma fiscal apunta a brindar mayor flexibilidad a las empresas, facilitando así su crecimiento y contribución al desarrollo nacional. La situación actual revela una dependencia excesiva en recursos provenientes de Pemex y la CFE, sectores que enfrentan desafíos significativos en su producción y rentabilidad. La plataforma de exportación petrolera del país se encuentra en niveles históricamente bajos, lo que limita los ingresos nacionales provenientes del petróleo crudo. Además, las inversiones en infraestructura y grandes proyectos, como las refinerías nacionales, han presentado sobrecostos que retrasan la rentabilidad y el retorno esperado, lo que genera dudas sobre su viabilidad a largo plazo. En paralelo, el incremento en el gasto en pensiones, tanto contributivas como no contributivas, ha crecido a tasas que superan ampliamente el crecimiento económico, poniendo presión en las finanzas públicas. La limitada inversión tanto pública como privada, junto con un consumo estancado, dificultan la recuperación económica y el aumento en el ingreso per cápita del país. La implementación de una reforma fiscal que permita un entorno más favorable para las empresas sería un paso estratégico para alcanzar mayores niveles de crecimiento y estabilidad financiera en México, siempre considerando la necesidad de un equilibrio fiscal sostenible. El reto consiste en diseñar políticas que estimulen la inversión, incrementen la productividad y reduzcan las desigualdades sociales, aspectos esenciales para un crecimiento sólido.
