La producción y exportación de la flor decorativa de Tenango de Las Flores crece gracias a la tradición familiar y la apertura a nuevos mercados en la temporada navideña.
La flor de nochebuelva, un ícono navideño en México, ha trascendido su raíz local para consolidarse como una actividad económica importante en Puebla. Originaria de Huauchinango, esta delicada planta se cultiva desde finales del siglo XX en la localidad de Tenango de Las Flores, donde los floricultores han ampliado su mercado, especialmente hacia Veracruz, durante la temporada decembrina.
Desde sus inicios, un grupo reducido de productores emprendió la siembra en 1999, enfrentándose a retos como la protección contra plagas y la gestión de recursos. Gracias a cursos especializados y créditos para insumos, el cultivo ha escalado de mil a más de 10 mil ejemplares, que son distribuidos en mercados locales y vendidos en el puerto veracruzano, donde la demanda crece cada año.
Este crecimiento refleja no solo la diversificación de su producción agrícola, sino también la importancia de posicionar los productos tradicionales en nichos de mercado cada vez más amplios. La tradición, heredada y adaptada por generaciones, ha permitido que productores como Froylan Negrete no solo preserve una actividad familiar, sino que también impulse la economía local y regional.
El valor de la nochebueva radica en su carácter ornamental y en su papel cultural en las festividades decembrinas, además de representar un ejemplo de la resiliencia y adaptación del sector agrícola en México. La expansión hacia otros estados destaca la oportunidad de potenciar los cultivos tradicionales mediante estrategias de mercado y capacitación continua, insertando a estos productores en un contexto competitivo y global.
En un contexto más amplio, el desarrollo de cultivos especializados en zonas rurales mexicanas es crucial para diversificar la economía agrícola y reducir la dependencia de monocultivos. La historia de estos floricultores ejemplifica cómo la innovación, educación y acceso a mercados puede transformar la tradición en una fuente de sustento y crecimiento regional.
