En València, la vibrante atmósfera del Festival Deleste se encendió con la actuación de Primal Scream, una de las bandas más influyentes del rock. Su show, realizado en los jardines de Viveros, se convirtió en una verdadera celebración musical que cautivó a los asistentes. El líder Bobby Gillespie, junto a su talentosa banda, demostró una vez más su maestría en el escenario, brindando una experiencia única.
La jornada musical fue intensa, comenzando con The Molotovs, quienes aportaron su energía inconfundible. Su estilo punk y las potentes implementaciones de los hermanos Cartlidge fueron un gran complemento al ambiente festivo. La audiencia, a pesar del calor valenciano, disfrutó sus melodías cargadas de crítica y emociones, conectando profundamente con el público.
Luego, la presentación de Billy Nomates marcó un momento especial. Con una mezcla de valentía y destreza, ofreció un emotivo espectáculo que exploró las complejidades del aislamiento y la lucha personal. Su interpretación resonó con muchos, reafirmando la importancia de la música como un medio para compartir vivencias. Con su estilo contemporáneo, demostró que el pop electrónico puede ser tanto divertido como provocador.
Por otro lado, Apparat y Holy Fuck llevaron a los asistentes por un viaje sonoro lleno de contrastes. Apparat, con su enfoque melódico y su sensibilidad artística, encantó a quienes esperaban una experiencia introspectiva. En cambio, Holy Fuck ofreció una explosión de energía rítmica, llevando el caos a un nivel musical divertido y bailable. El contraste entre ambos estilos enriqueció el festival, permitiendo una exploración sonora diversa.
El evento culminó con la actuación de Anna Calvi, quien dejó a todos conmovidos. Su talento y presencia escénica, combinados con su enérgico rock, resultaron en una propuesta única que revitalizó a los espectadores. Con un repertorio lleno de emoción, logró establecer una conexión poderosa con el público, cerrando el festival con broche de oro.
Con información de levante-emv.com

