La mejora en la distribución del ingreso, aumento salarial y programas sociales han contribuido a este avance, que refleja una tendencia histórica en el país.
La economía mexicana ha experimentado avances significativos en las últimas décadas, con un notable descenso en los niveles de pobreza, alcanzando el menor porcentaje en cuatro décadas. Este logro se ha consolidado mediante una serie de políticas públicas que han favorecido a las familias más vulnerables, promoviendo una distribución más equitativa de los recursos. Entre las acciones clave destacan el incremento considerable del salario mínimo, que actualmente supera la referencia de una canasta básica y apunta hacia una meta de 2.5 canastas, así como la expansión de programas sociales que benefician a cerca de 30 millones de hogares. Además, la recuperación de la inversión pública en infraestructura de transporte y energía, junto con la inversión privada, han fomentado la creación de empleos y el crecimiento económico sustentable. Estas medidas han contribuido a que la brecha salarial entre los más ricos y los más pobres se reduzca sustancialmente, y consolidan un escenario más justo para las futuras generaciones en México. El fortalecimiento del sistema de salud y la construcción de nuevas unidades médicas también juegan un papel crucial para mejorar la calidad de vida, especialmente en municipios con mayores necesidades.
