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La pobreza en México reduce cifras, pero persisten desigualdades estructurales

La reducción oficial de la pobreza en México no refleja mejoras en condiciones de vida, que siguen limitadas por desigualdades y bajos niveles de empleo formal.

Por Redacción2 min de lectura
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A pesar de una disminución en la población clasificada como pobre, millones enfrentan limitaciones en salud, educación y empleo formal en un contexto de economía débil y respaldo focalizado en adultos mayores.

En 2024, el número de mexicanos considerados en situación de pobreza disminuyó a 38.5 millones, representando una reducción de 8.3 millones en comparación con 2022. Este avance estadístico, sin embargo, enmascara una realidad compleja: una gran parte de la población aún carece de acceso a servicios básicos esenciales como salud, vivienda y empleo formal, evidenciando que las mejoras en las cifras oficiales no necesariamente reflejan una mejora en las condiciones de vida.

El comportamiento del consumo y los ingresos en los años recientes revela un escenario de estancamiento económico. La disminución en el poder adquisitivo de muchas familias se ha visto agravada por una inflación persistente en alimentos y servicios, además de una caída en las remesas que, tradicionalmente, han sido un impulso económico para hogares vulnerables. La apreciación del peso y las condiciones económicas adversas han limitado la inversión privada y restringido el acceso al crédito, afectando especialmente a las comunidades con menos recursos.

Por su parte, las políticas sociales se han centrado principalmente en los adultos mayores, con programas de pensiones que capturan una buena parte del gasto público. Sin embargo, esta estrategia no ha logrado generar mayores oportunidades para los jóvenes y la población en edad productiva, quienes representan un grupo con mayor potencial de consumo y de inversión en su desarrollo personal y laboral. La concentración del gasto en una sola población contribuye a mantener un crecimiento desigual.

El deterioro en el contexto económico también ha afectado las remesas, que experimentaron una caída superior al 5% en el primer semestre de 2025. La apreciación del peso, junto con la incertidumbre económica y la falta de estabilidad del Estado de derecho, limita la inversión y el acceso a financiamiento, dejando a muchos hogares en una situación precaria que no se refleja en las cifras oficiales de pobreza.

Frente a esta situación, expertos advierten que reducir la pobreza debe ir más allá de las transferencias y los aumentos mínimos en los salarios. Es imperativo ampliar las oportunidades de empleo formal, fortalecer los servicios públicos y orientar las políticas sociales para promover una movilidad social real y sostenida. Sin estos cambios, las estadísticas seguirán mostrando menos pobreza, pero la calidad de vida de millones de mexicanos seguirá siendo insuficiente, marcada por la desigualdad y la exclusión.

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