Gustavo Petro, presidente de Colombia, se despidió de su cargo en un acto en Barranquilla, donde expresó su orgullo por los logros de su administración. Tras cuatro años al frente del país, su gobierno enfrenta un balance desigual en cuanto a promesas y resultados, y terminará oficialmente en agosto.
Durante su discurso, Petro hizo énfasis en los resultados alcanzados, como la gratuidad educativa y atención médica básica, destacando estos avances como ejemplos de su gestión. Sin embargo, el contexto general revela que el 71% de las promesas planteadas en su Plan Nacional de Desarrollo no se concretaron.
Su enfrentamiento con el gobierno de Estados Unidos marcó un capítulo significativo en su presidencia, donde se destacó la negativa a un vuelo de deportación. Aunque hubo una posterior mejora en las relaciones con Washington, la crítica de Petro hacia la política estadounidense persistió, enfatizando su postura en temas complejos como el narcotráfico.
A nivel interno, Petro enfrentó críticas por no haber logrado una reforma sanitaria exitosa ni el objetivo de alcanzar la "paz total". Su administración se encontró con un panorama violento, donde las confrontaciones armadas aumentaron y el control territorial de grupos mixtos se mantuvo. Además, la política militarista adoptada en 2025 refuerza la percepción de fracaso en su enfoque original de diálogo y negociación.
Como se acerca el fin de su mandato, Colombia se encuentra en una encrucijada que refleja el legado contradictorio que deja Petro. Los próximos meses serán cruciales para las decisiones que se tomen en torno a la estabilidad política y social del país.
Con información de larazon.es

