Buenos Aires, Argentina. - El 17 de octubre de 1946, el entonces presidente Juan Domingo Perón otorgó la medalla de la lealtad peronista al embajador de Estados Unidos, George Messersmith. El evento coincidió con el primer aniversario de la liberación de Perón, quien había sido liberado de prisión a raíz de una masiva movilización en la Plaza de Mayo. En esa época, el líder argentino había ganado las elecciones de 1946, derrotando a José Tamborini.
La distinción a Messersmith ha sido objeto de interpretación dentro del peronismo, especialmente en contraste con la consigna “Braden o Perón”, que ilustra la tensión entre Argentina y Estados Unidos durante aquellos años. Pese a esta narrativa simplificada, la relación con el embajador estadounidense fue constructiva. Messersmith impulsó políticas que facilitaron la cooperación entre Buenos Aires y Washington.
Días antes de la condecoración, el embajador había defendido ante el Departamento de Estado la venta de buques a la Armada argentina, argumentando que Estados Unidos perdería influencia en la región si no apoyaba a Argentina. Su retorno a Buenos Aires en febrero de 1947 fue celebrado con entusiasmo, lo que evidenció una relación de confianza entre los dos líderes.
Perón, al distinguir entre conflicto y enemistad permanente, buscó una relación constructiva con Estados Unidos. Esta visión contrasta con la postura dogmática que aún prevalece entre ciertos sectores del peronismo, muchos de los cuales evitan reconocer la complejidad de la historia bilateral, impidiendo así un enfoque más pragmático que promueva el desarrollo nacional.
El legado de Perón invita a repensar la política actual, no como una repetición de consignas del pasado, sino como un esfuerzo por construir un futuro en el que Argentina participe activamente en el diálogo internacional sin renunciar a su identidad nacional.
Con información de clarin.com

