León XIV hizo una significativa visita a la abadía de Montserrat, donde expresó su alegría por estar ante la Moreneta y encomendó su labor pastoral a la intercesión de la Virgen. Su discurso, pronunciado en catalán, resaltó la conexión especial que mantiene con este santuario, cargado de tradición y fervor.
La llegada del Papa a Montserrat se vio marcada por una calurosa bienvenida. Fue recibido por alrededor de 8,000 peregrinos que se congregaron en las plazas cercanas. A diferencia de su predecesor Juan Pablo II, quien enfrentó condiciones climáticas adversas en su visita, León XIV experimentó una jornada soleada, lo que permitió un acercamiento más cercano a los fieles.
Durante su trayecto entre los peregrinos, el pontífice estrechó manos y bendijo a los niños que se le acercaban, creando una atmósfera festiva y emotiva. Más allá de las estrictas medidas de seguridad, su deseo de interacción con los asistentes fue evidente, acompañado por cantos y aplausos de la multitud.
Una vez en la basílica, León XIV participó en un ceremonial de bienvenida donde tuvo un momento de reflexión en una capilla lateral antes de llegar al altar mayor. La ceremonia fue coordinada por el abad Manel Gasch, quien destacó la importancia de la visita del Papa en la historia del monasterio, enfatizando que Montserrat es un lugar de acogida y construcción de paz.
Gasch cerró su discurso expresando la esperanza de que el santuario continúe siendo un ícono de reconciliación, donde se reflejen los valores de la fe y la comunidad, aspectos centrales en la misión de la iglesia.
Con información de levante-emv.com

