La ola de asesinatos responde a la negativa del gobierno de negociar con los delincuentes.
Guatemala vivió un caos el domingo, con el asesinato de al menos siete agentes de la Policía Nacional Civil (PNC) en ataques coordinados por pandillas. Estos crímenes fueron ejecutados como represalia tras la negativa del gobierno a negociar el traslado de sus líderes a cárceles de menor seguridad.
Este alarmante incremento de violencia también sigue a recientes motines en centros penitenciarios del país. Las autoridades han tomado medidas inmediatas, como la suspensión de clases y la activación de alerta máxima en comisarías, para salvaguardar a la población. El gobierno se ha comprometido a no negociar con los grupos criminales y a mantener el orden.

