Vladikavkaz, Osetia del Norte. - En esta remota región de Rusia, la guerra con Ucrania ha dejado huellas profundas. La comunidad se enfrenta a la dolorosa realidad de haber perdido a numerosos soldados, con un especial cementerio en la capital donde se entierran a aquellos que regresan en bolsas para cadáveres. Oksana Abaeva, quien ha fundado una organización para mujeres que han perdido a sus seres queridos, refleja el dualismo de orgullo y pena entre los lugareños. Su hijo, Albert Abaev, falleció en el conflicto en 2022, y su historia se repite en muchas familias de la región.
Los ecos de la guerra se sienten en las escuelas y entre veteranos que han formado parte de este drama. La cultura local veneró la figura del soldado, y al mismo tiempo, se vive un creciente lamento por las vidas jóvenes que se pierden en el campo de batalla. A medida que aumenta el número de bajas, las nuevas tumbas están adornadas con retratos de los caídos, un reflejo tangible del dolor de las familias.
Abaeva señaló que “todos hemos sufrido mucho, por supuesto. Ya no somos los mismos”, subrayando cómo la guerra ha dividido y transformado a la comunidad. Su esposo, Khetag R. Zaseyev, también se unió al ejército, luchando en un intento de reunirse con su hijastro en el frente, lo que refuerza la complejidad emocional del conflicto.
El sentimiento en Osetia del Norte se vislumbra en un contexto donde el Kremlin promueve la guerra como una lucha por la supervivencia contra supuestos fascistas en Ucrania. Aunque hay un creciente cansancio entre los ciudadanos, muchos todavía aceptan la narrativa oficial de que la lucha debe continuar.
Oksana Abaeva expresó el deseo de que la guerra termine, pero reconoce que no sucederá pronto. “Quiero paz. Quiero que no haya nazismo”, dijo firmemente.
Con información de clarin.com

