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Omar García Harfuch: ¿El hombre que podrá derrotar a los cárteles mexicanos?

Omar García Harfuch, el máximo responsable de seguridad de México, lidera una ofensiva agresiva contra los cárteles, pero enfrenta desafíos persistentes y la resiliencia histórica del crimen organizado.

Por Redacción6 min de lectura
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CIUDAD DE MÉXICO. – Tras sobrevivir a un atentado en 2020, Omar García Harfuch, quien entonces era secretario de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, comenzó a dormir en su oficina. En ese momento, atribuyó el ataque a un poderoso cártel y afirmó que habían intentado asesinarlo. Actualmente, García Harfuch ostenta el máximo cargo de seguridad en México, con la encomienda de desmantelar precisamente a esos grupos criminales. Aún hoy, pasa muchas noches cerca de su escritorio, con un soldado armado en equipo de combate apostado fuera de su puerta.

Esta dedicación, descrita como obsesiva, hacia la resolución del que parece ser el problema más irresoluble de su país, le ha valido la confianza de la Presidenta Claudia Sheinbaum y lo ha posicionado como la figura central de la campaña más agresiva de México contra los cárteles en más de una década. El gobierno reporta detenciones de miembros de cárteles y la destrucción de laboratorios de drogas a un ritmo casi cuatro veces superior al de la administración anterior. Los datos gubernamentales indican una disminución del 22 por ciento en homicidios en lo que va del año en comparación con el año pasado, situándose en su nivel más bajo en una década, y una reducción del 15 por ciento en robos con violencia.

“No estamos diciendo que el problema esté resuelto”, declaró García Harfuch en su primera entrevista oficial con medios internacionales desde que asumió como secretario de Seguridad y Protección Ciudadana de México el año pasado. Sin embargo, añadió, “nosotros lo que estamos haciendo es que pegamos en una estructura criminal abajo, en medio, arriba. Todo”.

Su éxito inicial ha contribuido a calmar las preocupaciones de Washington. Con García Harfuch como punto de contacto con las agencias de seguridad estadounidenses, el intercambio de inteligencia entre ambos países se ha incrementado, y el expresidente Donald Trump ha enfocado su atención en los narcotraficantes de Sudamérica en lugar de México.

No obstante, la historia de México sugiere una resiliencia persistente de los cárteles, cuyos imperios criminales han resistido los embates de gobiernos anteriores. A pesar de la disminución en los asesinatos y robos, han aumentado los informes sobre extorsiones, secuestros y desapariciones. Las encuestas muestran que, desde que Sheinbaum asumió el cargo, el porcentaje de mexicanos que se sienten inseguros ha crecido casi 5 puntos porcentuales, alcanzando el 63 por ciento de la población.

“Cambiar la percepción en 14 meses es más complejo”, admitió García Harfuch desde su oficina fuertemente custodiada en Ciudad de México. Analistas de seguridad reconocen los avances de García Harfuch, pero advierten que los cárteles mexicanos poseen un poder, riqueza, armamento y arraigo político demasiado considerables como para ser erradicados. Eduardo Guerrero, exfuncionario de seguridad y consultor destacado, señaló: “Tenemos el mejor secretario de Seguridad que podríamos tener. Pero me parece francamente que el problema del crimen organizado ya rebasó las capacidades institucionales de México”.

García Harfuch, de 43 años, ha consolidado un control sobre la estrategia de seguridad de México sin precedentes para sus predecesores, según los analistas. Dirige directamente una fuerza de investigación pequeña pero en expansión, ejerce influencia sobre fiscales federales, agencias de inteligencia y las fuerzas armadas, y cuenta con el respaldo de Sheinbaum para definir la agenda, habiendo sido su secretario de Seguridad cuando ella era jefa de gobierno de la Ciudad de México. Guerrero lo describe como “una especie de zar de la seguridad que no habíamos tenido en México”.

Bajo su liderazgo, en los primeros 14 meses del gobierno de Sheinbaum, las autoridades reportan la detención de casi 39,000 personas por delitos violentos, la incautación de 20,000 armas y la destrucción de 1,760 laboratorios de drogas. Esto contrasta con un promedio de 10,400 detenciones, 8,300 armas incautadas y 445 laboratorios destruidos en un período similar bajo el gobierno anterior. Este enfoque difiere significativamente de la estrategia de “abrazos, no balazos” de Andrés Manuel López Obrador, predecesor de Sheinbaum, quien priorizó el abordaje de las causas profundas en lugar de la violencia directa. El nuevo gobierno ha desplegado miles de efectivos para patrullar bastiones de cárteles y ejecutar ataques precisos.

Esta postura ha facilitado la relación con Washington. Funcionarios del gobierno de Trump han elogiado la cooperación en seguridad. John Creamer, exsubsecretario de Estado de la Embajada de EE.UU. en México, destacó la capacidad de García Harfuch para reparar relaciones bilaterales y establecer vínculos constructivos. Pedro Casas Alatriste, director ejecutivo de la Cámara de Comercio Americana de México, afirmó que García Harfuch es ampliamente conocido en los círculos políticos de Washington.

Aunque Sheinbaum ha mantenido una buena relación con Trump, este último ha planteado la posibilidad de ataques estadounidenses contra cárteles, lo que Sheinbaum considera una violación de la soberanía mexicana. García Harfuch expresó confianza en que las fuerzas estadounidenses respetarán la soberanía, basándose en los resultados obtenidos. Ambos países comparten información para detener el flujo de drogas y armas, incluyendo vuelos de vigilancia estadounidenses solicitados por México. García Harfuch enfatizó que la ayuda necesaria es información, no la intervención de fuerzas militares extranjeras.

Omar García Harfuch es hijo de una actriz conocida y un exsecretario del Trabajo. Su abuelo fue secretario de la Defensa Nacional durante la masacre estudiantil de 1968. García Harfuch ascendió en las filas de la policía federal y dirigió la seguridad en la Ciudad de México, donde la tasa de homicidios descendió aproximadamente un 40 por ciento durante su gestión, lo que le valió el apodo de “Batman” por parte de la prensa. Tras ser elegido senador, se unió al gobierno de Sheinbaum, y ahora es considerado el segundo funcionario más poderoso del país, con potencial para suceder a Sheinbaum en 2030.

En la entrevista, García Harfuch habló con mesura, detallando estadísticas locales y reiterando el liderazgo de Sheinbaum. Al explicar por qué esta administración tendría éxito donde otras fracasaron, atribuyó el mérito a la presencia de Sheinbaum como presidenta. Durante la conversación, respondió llamadas directas a Sheinbaum, enfatizando la coordinación diaria en reuniones de seguridad matutinas y un enfoque basado en estadísticas y acción conjunta con autoridades locales y estatales.

La estrategia multifacética de García Harfuch se enfoca en fortalecer la inteligencia para operaciones precisas, mejorar investigadores y fiscales para obtener más condenas, y coordinar las fuerzas de seguridad federales y estatales. Los resultados incluyen un descenso en delitos violentos, aunque la magnitud es objeto de debate. Mientras García Harfuch cita un descenso del 37 por ciento en la tasa diaria de asesinatos, analistas señalan datos oficiales que indican una reducción del 22 por ciento en homicidios hasta noviembre respecto al año anterior.

Sin embargo, no todos los indicadores mejoran. Los secuestros y extorsiones han aumentado un 3 por ciento cada uno, y las desapariciones un 9 por ciento. Grupos de derechos humanos sugieren que el gobierno podría estar ocultando homicidios bajo la categoría de desapariciones, lo cual García Harfuch niega, afirmando que muchas personas desaparecidas son localizadas. El gobierno ha mostrado éxito en fracturar el Cártel de Sinaloa, pero el Cártel Jalisco Nueva Generación parece haber ganado terreno. “El tema es, el debilitamiento de un cártel, por supuesto, fortalece al otro”, reconoció García Harfuch.

Recientemente, un adolescente asesinó a Carlos Manzo, un alcalde que abogaba por medidas más fuertes contra los cárteles. Tras el envío de tropas federales, se registró un coche bomba con seis fallecidos. García Harfuch atribuyó ambos crímenes a guerras territoriales del cártel de Jalisco. Tras el atentado con coche bomba, residentes describieron una escena caótica, y activistas locales expresaron su escepticismo sobre la efectividad del plan gubernamental.

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