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Mujeres en México dedican más de 63 horas semanales al cuidado no remunerado

Las mexicanas dedican más de 63 horas semanales al cuidado no remunerado, evidenciando desigualdades que requieren atención y políticas con perspectiva de género.

Por Redacción1 min de lectura
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La desigualdad en la distribución del trabajo de cuidados persiste y genera invisibilidad y carga emocional en las mujeres mexicanas.

En México, la realidad del trabajo de cuidado no remunerado revela una profunda desigualdad de género que afecta tanto a la economía como a la calidad de vida de millones de personas. Estudios recientes muestran que las mujeres dedican en promedio más de 63 horas cada semana a tareas domésticas y de atención, mientras que los hombres invierten menos de 34 horas en dichas actividades. Esta distribución desigual refuerza roles tradicionales y limita las oportunidades de desarrollo laboral y personal de las mujeres.

El trabajo invisibilizado de cuidados representa aproximadamente una cuarta parte del Producto Interno Bruto en el país, sin recibir reconocimiento formal ni compensación económica. Se estima que más de 60 millones de mexicanos requieren atención en algún grado, y la mayoría de estos cuidados son brindados por familiares, en su mayoría mujeres, quienes enfrentan físicamente, emocionalmente y financieramente las cargas de estas responsabilidades. La insuficiente agenda pública en materia de políticas con perspectiva de género mantiene esta situación sin cambios sustanciales.

La labor del cuidado también afecta la salud y el bienestar de quienes asumen estas funciones, especialmente en contextos de enfermedades crónicas o terminales. La atención a pacientes con patologías severas, como leucemia o mieloma, implica un desgaste físico y emocional que muchas veces resulta en agotamiento y problemas financieros para los cuidadores. La contribución de las mujeres en este ámbito se vuelve aún más relevante en un entorno donde la corresponsabilidad social y las políticas públicas no han logrado equilibrar las cargas.

Es imprescindible promover una cultura de reconocimiento y protección a quienes asumen tareas de cuidado en la familia y la comunidad. La implementación de políticas públicas que aseguren derechos, apoyen a las cuidadoras y fomenten una distribución más equitativa de las responsabilidades contribuiría a reducir las desigualdades y avanzar hacia una sociedad más justa y participativa.

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