La práctica, que busca aprovechar supuestos beneficios del veneno de abeja, genera debates sobre su seguridad y respaldo científico en la medicina alternativa. Una mujer llevó a cabo una experiencia extrema al permitir que miles de abejas la picaran en el rostro y el cuerpo, en lo que afirmó ser un “ritual de belleza” enfocado en aprovechar propiedades del veneno de abeja. Esta práctica, conocida como apiterapia, busca estimular la producción de colágeno, reducir inflamaciones y mejorar la elasticidad de la piel, aunque carece de respaldo científico concluyente. La tendencia de utilizar componentes apícolas para fines cosméticos data de culturas antiguas y sigue siendo popular en algunos círculos, a pesar de las advertencias de expertos sobre riesgos potenciales como reacciones alérgicas graves. La apiterapia incluye tratamientos con miel, jalea real y veneno, y aunque algunas personas reportan mejoras en condiciones dermatológicas, la comunidad médica señala que no existen estudios científicos definitivos que certifiquen su eficacia. La práctica se mantiene como un ejemplo de las terapias alternativas sin validación clínica, cuyo uso requiere precaución.
